Hace tres años un grupo de alumnos muy pequeñitos, con talegas y mochilas más grandes que ellos y ojos llenos de curiosidad, cruzaron por primera vez la puerta del colegio Ntra. Sra. de la Victoria.
Eran como semillas recién plantadas en un jardín lleno de sorpresas. Algunos lloraban un poquito, otros reían sin parar, y todos llevaban dentro un mundo por descubrir.
Los días fueron pasando, y en ese jardín llamado aula, comenzaron a florecer. Aprendieron a compartir juguetes, a cantar canciones y a pintar con todos los colores del arcoíris. Cada uno tenía su manera de brillar: unos sabían contar sin perderse, otros dibujaban soles con una sola línea, otros hacían puzzles a las mil maravillas y todos sabían dar los mejores abrazos.
Las seños; Vicky y Laura, junto con algunas seños más, como jardineras mágicas, los cuidaron con paciencia, les contaron cuentos que hacían volar su imaginación, les enseñaron a quitarse y ponerse el babero y a decir “por favor” y “gracias”. Convirtieron las letras en amigos y los números en juegos. Les enseñaron que Madre Carmen fundó su cole, a celebrar a mamá María en el mes de las flores y a saber dónde buscar para encontrar siempre al mejor de los amigos, Jesús.
Y así, entre juegos, proyectos, canciones, abrazos, alguna lágrima y muchas sonrisas, estos pequeños alumnos crecieron. Hoy ya no son tan pequeñitos. Hoy se despiden de esta etapa de Educación Infantil, porque ya están listos para empezar una nueva aventura. Pero no olvidarán aquel lugar donde todo comenzó. Porque en sus corazones siempre habrá un rinconcito con olor a témpera, sabor a galleta y abrazo de seños de Infantil.
Y colorín colorado, este cuento… ¡apenas ha comenzado!







