SEGUIR EL CAMINO DE LA CRUZ

Como cada Viernes de Dolores, nuestros compañeros de 1º de ESO nos han guiado y acompañado en el rezo del Santo Vía Crucis.

En ese momento, el ritmo habitual del colegio se detiene y todo se envuelve en un silencio especial, sólo  roto por las oraciones y la música. Es un silencio que se transforma en encuentro con Dios, en un recorrido compartido con todos nuestros hermanos para acompañar al Señor en su Pasión.

El Vía Crucis es la oración del que se mueve, del que avanza, del que se atreve a recorrer, paso a paso, la Cruz. A lo largo de cada estación contemplamos cómo Jesús carga con ella, cae, se levanta y sigue adelante. No se rinde, no abandona, sino que continúa por todos nosotros; se entrega hasta el extremo, porque solo el Amor que da la vida es el que verdaderamente salva, tal como meditamos en este tiempo de Cuaresma.

También nos recuerda que no estamos solos. Jesús quiso necesitar de los demás, como cuando el Cirineo le ayuda a llevar la cruz. 

Con este gesto nos enseña que también nosotros necesitamos la ayuda de los demás, que no podemos pasar de largo ante el sufrimiento y que debemos ser compasivos con quienes nos rodean. Cada pequeño gesto cuenta, cada palabra de ánimo puede iluminar la vida de quien más lo necesita.

En este recorrido también nos encontramos con María, la Madre que Jesús nos dio al pie de la Cruz, que permanece siempre cerca. 

Ella nos enseña a amar incluso cuando no entendemos y nos recuerda que siempre hay una mirada que nos cuida, anima y guía.

Es verdad que es un camino que  a veces nos cuesta, porque perdonar, ser valientes en la fe o ayudar a quien lo necesita no es fácil. Nuestros ejemplos para seguir a Jesús son San Francisco y Madre Carmen, que comprendieron que sólo Dios llena el corazón y nos invitan a ser instrumentos de paz en medio del mundo. Estamos llamados a llevar esperanza allí donde estemos: en clase, en casa, con nuestros amigos.

El Vía Crucis no termina en la Cruz, sino en la Resurrección. Y nosotros queremos seguir caminando con Jesús, como lo hicieron San Francisco y Madre Carmen, aprendiendo a amar como Él y a dar siempre lo mejor de nosotros. 

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