Como cada año, cuando iniciamos el Adviento, preparamos nuestro corazón para la venida del que todo lo cura, del sanador eterno.
Con esta predisposición de corazón, en los primeros días del mes de diciembre honramos a su madre, la Virgen María Inmaculada. En este año que estamos viviendo el Jubileo de la Esperanza queremos caminar, con paso solícito, junto a María, sublime testigo de la esperanza y de la verdadera alegría. Por ello, le dedicamos un triduo a ella, Madre del Corazón Inmaculado, acudiendo cada día y pidiendo su intercesión por las distintas situaciones por las que atraviesa nuestro mundo.
Con este triduo dedicado a nuestra Madre del Cielo, comenzamos los alumnos de 2º de ESO invocándola como salud de los enfermos y en su papel de intercesora, por todos los que padecen cualquier enfermedad. Los compañeros de 5º de Primaria la ensalzan como Reina de las familias, pidiendo por todas las familias del mundo. Por último nuestros más pequeños terminarán dicho triduo destacándola como purísima y rogando por la pureza de todos los corazones.
Cada día nos reunimos, como la FAMILIA de la Victoria, ante ella escuchando la Palabra de Dios en algunos pasajes de los vividos como madre e hijo, en los que ella muestra las virtudes que presenta una madre atenta a las necesidades que detecta de esa manera única en que una madre sabe hacerlo. Como símbolo, en este mundo actual en el que es tan importante la visualización de lo realizado, cada grupo puso una vela en la que, junto a un piropo dedicado a sus valores, le pedimos por alguna necesidad que hoy en día, la Iglesia que formamos todos, tenemos.







