Nuestro colegio ha querido acompañar, un año más, a Jesús en su camino hacia el Calvario, recordando que “al mirar su Cruz comprendemos su entrega total por nosotros”.
Contemplar la Cruz de Cristo nos permite adentrarnos en la profundidad de su Amor incondicional: el Amor de quien, con infinita misericordia, “responde al mal con el bien”.
Hemos recorrido las estaciones del Viacrucis de la mano de la Virgen María, la Madre que acompaña, sufre y consuela. Presente en silencio, pero firme en su fe, María nos enseña a sostenernos con esperanza, incluso cuando todo parece oscuro. Junto a ella, también se nos ha invitado a mirar el ejemplo de Madre Carmen, que vivió con radical entrega su amor al Señor y a los hermanos. En sus propias palabras: “Cuando miro al cielo, se acrecientan mis deseos de enseñar a las almas a conocer y amar a Dios”.
A través de este Viacrucis, hemos querido acercarnos con mayor profundidad a la semana más importante para los cristianos, buscando dejar una huella viva no solo en nuestros sentimientos, sino también en nuestra forma de vivir.
Como nos recuerda el Papa Francisco, el Viacrucis es una invitación a ponernos en camino. Cada estación nos ha recordado que Jesús no está lejos: Él camina hoy junto a cada persona que sufre.
Vivir el Viacrucis con más corazón nos invita a abrirnos al dolor del mundo, mirar con compasión a los demás, perdonar, amar incluso a quien nos hiere y ser instrumentos de Paz y Bien. Hemos podido vivir un encuentro íntimo con el Cristo vivo, que desde la Cruz continúa hablándonos con fuerza y ternura.
Al recorrer estas estaciones, nos hemos unido a millones de creyentes que, como nosotros, desean renovar su fe, encontrar consuelo y vivir con más amor.
Que este camino, que hemos vivido con recogimiento y sinceridad, deje en nuestros corazones una huella profunda y duradera. Y que, de la mano de María y Madre Carmen, aprendamos también a caminar con Cristo, llevando nuestra cruz con amor, confianza y esperanza.







