El pasado fin de semana clausuramos, de un modo inolvidable, el Tiempo Jubilar que la Iglesia nos concedió en torno a Madre Carmen.
Ella, que supo ser y es “amiga” y confidente para todos los que se acercan a pedir su intercesión; que es “hermana” y modelo para todos los hijos de Dios; y es “madre” que vela por nosotros desde el Cielo, ha sido el centro de unos días llenos de vivencias que siempre quedarán no solo en nuestra memoria, sino en nuestro corazón.
Desde nuestro colegio de La Victoria, hemos tenido el inmenso privilegio de abrir las puertas a más de mil peregrinos que, durante los días 9 y 10 de noviembre, se acercaron a nuestra casa, que es el corazón de nuestra Congregación, para vivir el final de este tiempo jubilar que tan buenos frutos nos ha regalado.
Han sido unos días que estaban especialmente marcados en nuestro calendario particular, en los que hemos recorrido algunos de los rincones más emblemáticos de la vida de Madre Carmen. Hemos celebrado la eucaristía, dando gracias a Dios por poder exclamar, como ella: “¡Ya te pillé, Jesús mío!”. Nos pusimos en presencia de Jesús eucaristía en una inolvidable vigilia de oración compartida con Hakuna Málaga; y celebramos, como no podía ser de otra manera, con la alegría propia de nuestro carisma franciscano un pequeño gran festival donde reímos, bailamos, cantamos y testimoniamos la importancia de Madre Carmen en nuestras vidas.
Una maravillosa escultura, en la que nuestra fundadora aparece con un anciano, una joven y un niño ha quedado como testigo de un jubileo que ha sido de auténtica bendición para los que hemos tenido la suerte de vivirlo.
Tras estos días, muchas palabras son las que podrían resumir todo lo acontecido: familia, gratitud, encuentro… pero, de un modo particular, unas sobresalen por encima de todas; como Madre Carmen, tan solo podemos exclamar: “¡Bendito sea el Señor, que tanto nos quiere!”.
VIVENCIAS EN FAMILIA







