El pasado 31 de mayo, con los primeros albores del día, el patio del colegio Nuestra Señora de la Victoria se llenaba de vida. Alumnos, hermanas, profesores y familias se congregaban para vivir uno de los momentos más esperados del curso, el Rosario de la Aurora, ese encuentro especial que cada año se tiene con la Madre del Cielo, en el que la devoción, la música y la alegría se dan la mano para vivir un momento único que significa el culmen de todo un mes dedicado a María.
A las 7 de la mañana, se vivía un momento cargado de emoción, el momento de la salida de la Virgen, portada por los alumnos de 4º de ESO, que vivían su último Rosario de la Aurora como alumnos del colegio. Entre aplausos y al son de la Salve Rociera con los toques de la flauta y el tamboril, la Virgen avanzaba entre los reunidos en el patio del colegio para comenzar el rezo del Santo Rosario, esa corona de rosas que se iba deshojando con el rezo de cada Ave María y que se ofrecía a la Virgen presentándole todas las preocupaciones y necesidades del mundo, pidiendo, especialmente, por aquellas familias del colegio que tienen alguna necesidad especial.
La bandera del colegio y el estandarte de Madre Carmen abrían paso por las calles de Antequera en ese recorrido que se hacía hasta la emblemática iglesia de San Juan que acoge al patrón de la ciudad, el Señor de la Salud y las Aguas, donde finalizó el Rosario y tuvo lugar la celebración de la Eucaristía. Aquí también se vivieron momentos muy emotivos, como la participación en ella por primera vez, después de haber recibido a Jesús, de todos los niños y niñas que han hecho la Primera Comunión en este curso o la Consagración a María de los alumnos de 4º de ESO que, postrados ante la Virgen, ponían esta nueva etapa que están a punto de comenzar, en sus manos y le pedían que los acompañe siempre. Finalizaron cantando “Ave María» fundiéndose en un abrazo ante la Virgen, que sellaba la amistad y la unión que han forjado durante estos 13 años.
Una vez finalizada la Eucaristía, a las puertas de la iglesia, se dedicaron unas sevillanas a la Virgen, que fueron acompañadas por el baile de las alumnas que habían acudido ataviadas con el traje de flamenca.
Fue una mañana especial en la que la alegría se hizo presente de forma singular y, con el corazón en fiesta, una año más, se vivió en familia este acontecimiento.







